Una calle peatonal de aspecto antiguo y llena de colores vivos. Hace calor, vas buscando la sombra, suenan a lo lejos las gotas de fuentes ancianas que avecinan el nuevo frescor para tu joven alma. Cruzan empresarios noveles y damas jóvenes con intención de llegar a la cima pero lo que más hay es gente que camina…

No los llamamos turistas porque turistas somos todos en el viaje de la vida, los llamaremos pájaros; Azulejos, palomas, urracas, cuervos y algún halcón peregrino que llega buscando mejores tiempos a este lado del río.

Avanzas entre plumas que no te miran, tu te conoces estas calles, las has recorrido muchas veces con distintas bandas sonoras. Tu primer amor sucedió en aquella esquina y en ese mismo bar tu primera desilusión, cuantas mentiras contadas entre tan pocas paredes.

Y por eso, ahora viajas.

Llevas encima lo poco que puede llevar un escritor que no lee nada. Las terrazas, de grandes toldos y excesivos precios, adornan la calle como bosques artificiales llenos de pequeños gorriones. Los rostros ocultos tras fedoras que misteriosas damas llevan llaman tu atención pero en el fondo sabes que poco te queda por jugar en esa partida abandonada.

Muerto por dentro a una edad temprana dejaste de latir por nadie. Empezaste a preocuparte en exceso.

Todo cobra factura llegado el momento.

Valiente no es aquel que hace lo que a todos les da miedo. Valiente es la persona que aun teniendo miedo soporta lo que se le viene encima. El temor que sientes en tu interior está justificado, tienes contactos lejos tienes suspiros cerca. Cuando todo falla y no te quedan redes; Saltas.

¿Cuantos huesos rotos? ¿Cuantas preguntas que se responden con nada?

Suenan tus pasos en la calle y las risas en la acera. Árbol que me observas, tu que todo lo has visto; ¿Ha sobrevivido algún incauto viviendo como yo vivo?

Lo cierto es que no queda mucha esperanza y apunto de lanzar mi vida, igual que muchos otros hicieron en el pasado, me acabo encontrado con un dejavu.

Y es que yo también he estado al otro lado, recuerdo, hace años, yo apoyé a aquel que lo daba todo por perdido, yo fui el ángel de algún mal peregrino. Me recuerdo en esas plazas, con esas bicis, en aquellos recorridos, tras aquellos arboles perdidos. Me recuerdo tantas noches, tan poco sueño, tanto amor. Y ahora tan falto de cariño, tan loco y tan mal sentado en un trono que no merezco ni deseo.

Matame, dije una vez, y me follaste con pasión. Matame te pido ahora, arráncame el corazón.

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