Sin limites. No supongas.

Dejo caer mis manos entre las doradas corrientes de tus rizos rojos. Parecen estelas de las últimas galaxias, pues portan estrellas que no son más que simples granos de arena de una noche en la playa. Como nuestro encuentro, como aquel momento, como cada pensamiento tuyo que converiste en epicentro.

La voz cantante de una negrura que brilla.

Temieron mis pasos tropezar acaso con tu presencia? Pues cuando ya me había olvidado, a esas horas en las cuales la decencia asoma y se pregunta si lo peor ha pasado, entonces me redescubres las olas, el sonido de tu boca, el terciopelo de tus piernas y tu risa loca.

Cuando ya te habías marchado de pronto me traes de vuelta, noto la presión de tu presencia, noto la calidez de tus intenciones, noto que me gustas más cuanto más te acercas y noto lo que mis manos recorren.

En aquel fugaz y torpe encuentro supe entenderte, supe aceptarte, supe decirte lo que a muchas no pude. Y por ello te debo a ti y a tus labios de musa, a ti y tu conversación piadosa. Te debo un gracias y un lo siento.

Gracias por nuestro próximo encuentro y lo siento por no poder parar el tiempo.

 

 

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