Veleros

Siempre encontré curioso que recurriera al océano cada vez que necesitaba hablar de ti. Como concepto culminas la obra de todos los ríos, todos los ricos, todos los llantos y todos los mares que por ti alguna vez lloraron.

Y he vuelto, no muy orgulloso de los vientos que azotaron mi cubierta, pero con la cabeza lo bastante alta como para escapar de los índigos horizontes que me entregabas y no merecía.

Con la poca confianza del que zarpa sin rumbo fijo encuentro entre tu oleaje cruel y pasajero mi pasatiempo favorito. Desde mi cofia del vigía advierto las ventiscas y las caprichosas mareas que me zarandean sin pudor ni intención de misericordia.

Y no lo niego hay cierta ironía, encuentro comedia entre tu sal y tu sol. Entre tu brisa y tus brillos, entre mis palabras y tus paredes, en mi carencia y en tu arte, en lo mucho que ignoro tu presencia y lo imposible de vivir sin pensarte.

En esta vida que llevamos, en plural por haceros participes, mucho nos cansa lo que poco amenaza y nada enamora lo que nunca arriesga. Si por islas desiertas fuera cruzaremos el atlántico hasta llegar a tu vera.

Al amor dirigido en todas direcciones, al amor de él, al amor a ella, al amor de aquel que enamora sin botella. Al amor a aquel, al amor de aquello, a la que enamora sola sin ningún destello.

Rimas fáciles sin problemas, metáforas sencillas, solo busco que se entienda:

Porque nací romántico, mi muerte será entre claveles, o no será.

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