Arboleda

Ha crecido un árbol en el jardín.

Justo entre los dos senderos que llevan a la columnata de marmol, la misma que rodea la enmohecida estatua de Dioniso. Ay Dioniso, mi pequeño dios favorito. Que pulcras quedan las anécdotas a la sombra de tu mirada pero que triste y desolado pareces ahora mi petrificado camarada.

Se secó tu botella y ya no suena el chapoteo de las garzas en tu estanque crepuscular ni tampoco reflejas los brillos de todos los brindis que en tu nombre serví. Por suerte aun te queda el retrato de la bóveda celeste que cada noche, aun siendo el mausoleo de todas las estrellas ya extintas, te permite posar la mirada en alguna venus de pálido azul. Aun estando lejos, o quizás precisamente por eso, da la sensación de que te devuelve la sonrisa, pero que sabrás tú, Dioniso, pequeño bastardo y travieso, que sabrás tú.

Si fue por azar o por riesgo que acabaste inmóvil al amar y dejaste caer tu vino en mis memorias de ciudad. Ahora todo se ve melancólico y todo huele a melaza. Maldita sea Dioniso menudo desperdicio, lo que antes fue vino lo convertiste en laberinto.

Si contaramos tu historia habría sombras, una buena guinnes y algo de jazz, pero siempre habría compañía. Por desgracia algo tuvo que pasar, que pena das ahora Dioniso, que pena me produce no poder verte ni siquiera llorar. Pero resulta que esta creciendo un árbol silencioso y sin hacerse notar por eso agradecería, si fuera posible, toda la delicadeza que tu le pudieras dar.

Si un manzano creciera, déjalo envejecer, que por su dulzura vendrán a robar nuestro silencio las aves del mar. Si creciera sin saberlo siendo un ciprés, no le cuentes su historia, deja que suene su canto, no necesita en su memoria saber por que se considera un árbol de camposanto.

Este inocente retoño esta creciendo en un mundo de odio, nace sin saber cuando será su final, nace y aun no ve que todo puede acabar. Hay que pensar que aparece justo cuando parecía que nada podía cambiar. Es la señal, el fin del invierno, potencial ramillete de flores, posible aroma celestial, cuando se acaba un a era aparece una nueva. Cuando se cierra una etapa se planta una bandera.

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